Preparando una taza sostenible con Café Compadre

Hay motivos para que Cristóbal Olórtegui, un caficultor de la comunidad Sauriaki en Perú, sonría al recoger los frutos de su cosecha, limpiándose el bigote de espuma de café al tomar un sorbo. Durante 43 años ha estado vendiendo granos de café crudo por 2,50 dólares por kilogramo (kg), pero ahora gana 4,3 dólares por kg procesando y tostando el café con la inestimable ayuda del sol.

Cristóbal y otras 10 familias de la comunidad son todas beneficiarias de una empresa social denominada Café Compadre que tuesta granos de café utilizado la luz solar a disposición de los agricultores sin coste alguno. La compañía ofrece formación a agricultores como Cristóbal sobre el funcionamiento del tostador y establece canales de venta para distribuir el café producido por ellos mismos.

El café es el principal producto agrícola de exportación de Perú; sin embargo, los pequeños agricultores como Cristóbal siguen siendo receptores de un sistema de distribución injusto que lastra la cadena de producción de café. Según el sociólogo estadounidense J.M. Talbot, los productores de café a pequeña escala ganan menos del 12 por ciento del valor final del producto; mientras los que gestionan la selección de granos, el tueste y el empaquetado ganan más del 70 por ciento. El acceso a la tecnología moderna y un rendimiento competitivo de sus productos siguen siendo en gran medida aspectos difíciles de conseguir para estos agricultores, Café Compadre ha tratado de llenar una laguna importante en el ecosistema de producción de café.

Cristóbal probando su propio café por primera vez. (Crédito de la foto: Equipo de Compadre)

Cristóbal en el bosque. (Crédito de la foto: Equipo de Compadre)

Cristóbal cargando granos de café verde dentro del tambor de tostado. (Crédito de la foto: Equipo de Compadre)

Paquete final de Café Compadre con el nombre de Cristóbal. (Crédito de la foto: Fiorella Belli)

Cuando Café Compadre se presentó al empowering people. Award in 2016, nuestro respetado jurado quedó impresionado por la innovación y su potencial de impacto y lo declaró ganador. La red ha organizado dos ediciones internacionales de premios para elegir las mejores soluciones globales de baja tecnología con impactos sociales sostenibles. Por lo tanto, es obligatorio que la red evalúe el impacto social de cada presentación. Sabemos que el número de empresas sociales, junto con su influencia en la sociedad y la economía, está en aumento, pero ¿cómo medimos realmente el impacto que crean?

Según Clifford (2014), el impacto social suele definirse en referencia a cuatro elementos clave:

  • El valor creado como consecuencia de la actividad de alguien (Emerson et al., 2000);
  • El valor experimentado por los beneficiarios y todos los demás afectados (Kolodinsky et al., 2006);
  • Un impacto que incluye efectos tanto positivos como negativos (Wainwright, 2002);
  • Un impacto que se juzga en relación con un punto de referencia de lo que habría sido la situación sin la actividad propuesta.

Tomemos esta hipótesis para estudiar el impacto social de Café Compadre que destacó entre más de 800 presentaciones de 88 países convirtiéndose en una de las 23 soluciones más importantes. Una tecnología totalmente escalable, el dispositivo puede diseñarse para producir grandes cantidades de café, siendo así un puente entre los agricultores y los intermediarios de corte del mercado, que en muchos casos se quedan con la mayor parte de los ingresos. El tostador es portátil y no requiere espacio adicional, puede tostar 1 kg de granos de café en unos 15 a 25 minutos. Con una huella de carbono prácticamente nula, la tecnología requiere cinco veces menos energía que los dispositivos convencionales. Los granos tostados son envasados bajo la marca Café Compadre con el nombre del agricultor. Los ingresos se distribuyen de manera que los agricultores puedan ganar hasta un 60% más con esta producción añadida a la agricultura.

Instalación de paneles solares para la primera estación solar de la comunidad ‘Estación Estelita’. (Crédito de la foto: Diana Arteta)

En 2015, se llevó a cabo un proyecto piloto, en el que un solo agricultor tostó 600 kg de granos. En 2016, ampliaron la operación con una instalación solar en el pueblo que puede procesar 6.000 kg de café verde y tostado. Anteriormente, recibían los rendimientos al precio esperado de solo el 65% de los granos de café crudo, ya que el resto se vendía a precios mucho más bajos debido a su calidad inferior. Los agricultores son ahora más conscientes, eficientes y capacitados para producir granos de mejor calidad. Con ingresos lucrativos y una vida viable dentro de su propia comunidad, no se ven obligados a emigrar a la ciudad en busca de mejores oportunidades. La empresa cree que están “demostrando al mundo que es posible lograr una cadena de valor basada en la energía solar produciendo un café 100% ecológico y socialmente justo”.

La marca tiene una importante base de suscriptores y los abandonos han sido muy pocos; actualmente la marca abastece a cafeterías, restaurantes y oficinas en Perú. Dado que el objetivo de la empresa es exportar el café tostado a Europa y Norteamérica, sigue siendo una tarea difícil para ellos aumentar la capacidad de las instalaciones, mejorar los procesos y ampliar su base de clientes. Y no es solo la empresa, el propio Cristóbal, a sus 65 años nunca se había imaginado una vida fuera de sus planes en la comunidad para ampliar sus horizontes abriendo una cafetería.

“En todos estos años como caficultor nunca pude conocer el sabor del café de mi propia cosecha. Cuando veo mi nombre en el paquete me siento muy bien por lo que he logrado”, dice Cristóbal. Hay un sentimiento de orgullo a medida que las 10 familias de la comunidad Sauriaki ascienden en la escala socioeconómica: de ser solo agricultores, ahora han pasado a ser productores cualificados de café. No obstante, es importante destacar que mientras que hay otras organizaciones en Perú que trabajan con los agricultores de café para ayudarles a mejorar el rendimiento y a vender a un mejor precio, el proceso de producción todavía se sigue llevando a cabo en la ciudad, privando a los agricultores de un futuro independiente y sostenible.

Equipo de Compadre realiza pruebas del nuevo tostador híbrido con la comunidad. (Crédito de la foto: Diana Arteta)

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